El pasmo de Bibot da rápidamente paso a su ira y la expulsa. Esa tarde que llega a su casa, decide comerse uno de los higos antes de irse a la cama y a la mañana siguiente, luego de un reparador descanso, sale a dar un paseo con Marcel. En este momento comprueba, con espanto, que las palabras de la anciana eran verdad, y aunque decide preparase bien para no desperdiciar el último higo, la historia da un giro inesperado.

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