Vivir en un mundo que está bajo el maligno ha hecho que confundamos nuestras responsabilidades con nuestros deberes, y sólo podremos retomar el enfoque correcto transformando nuestra manera de pensar, es decir, reconociendo que la única manera en que podemos glorificar al Padre es cumpliendo su propósito (Juan 17: 4): con el servicio.

¿Por qué servir? Dios es nuestro Rey (Salmo 93), eso nos hace sus súbditos. Y así como los reinos terrenales necesitan del trabajo mancomunado de sus miembros para sostenerse, el Reino sólo avanzará si nosotros desempeñamos en él el papel que nos corresponde.

En muchas ocasiones, oramos a Dios para que nos ayude a cumplir correctamente nuestras responsabilidades (en otras palabras, “utilizamos” a Dios para nuestro beneficio y nada más) y Él nos da su perfecta orientación; si le pidiéramos dirección para saber en dónde y cómo servir, Él también nos la daría. Pero no lo hacemos, nos inclinamos más a buscarlo cuando necesitamos ayuda y poco a poco dejamos de lado nuestro compromiso de servir en el Reino.

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