El diseño perfecto de Dios para nosotros incluyó todo lo que necesitamos para vivir y para servirle a Él: los dones del Espíritu.

Al ser un cuerpo, nuestros dones y los de nuestros hermanos se unen en perfecta armonía para enseñar, consolar, discipular, ayudar y alentarnos los unos a los otros. Si aún no estás seguro de cuál es el don del Señor en ti, lo único que tienes que hacer es entrar en el secreto y, con tu mente en silencio, orar hasta que escuches Su voz.

Ayudar a nuestro prójimo es parte esencial de lo que somos, de compartir el amor con el que fuimos rescatados, de poner en práctica los dones que Él nos ha regalado. Como ayuda didáctica sobre este tema, te sugerimos leer "Un día diferente para el señor Amos", del autor Philip C. Stead. Puedes solicitarlo en Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

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